• Ana Schwartz

ÚLTIMOS DÍAS EN NUEVA ZELANDA: LAGO TEKAPO, METHVEN Y MONTE HUTT, CHRISTCHURCH


Nos quedan pocos días de viaje para terminar nuestra estancia en Nueva Zelanda.

Después del Monte Cook, nos dirigimos al Lago Tekapo que se encuentra a continuación, pero no vamos por la carretera general, sino que siguiendo el consejo de la guía que tenemos en la caravana, lo hacemos por una pista de tierra que se encuentra bastante bien como para circular con ella.

Del monte Cook hay que volver de nuevo hasta el lago Pukaki, y luego lo bordeamos por la escénica orilla este del lago, por Hayman Road. Más o menos hasta la mitad que es donde comienza esta pista de tierra.

Se trata de una pista de gravilla muy bien conservada entre la orilla este del lago Pukaki y el lago Tekapo. Se llama Braemar Road y tiene 22 kilómetros, y es para hacerla sin prisa, no se puede circular rápido por aquí.

¿Porqué ir por aquí y no por la carretera general? Porque la primera parte de la misma discurre paralela al lago Pukaki, y porque ofrece vistas maravillosas durante el trayecto.

Una vez salimos de la pista de gravilla enlazamos de nuevo con la carretera general que nos lleva hasta el pueblo de Tekapo donde se encuentra el lago. Llegamos antes del mediodía.

Este lago a pesar de que es una maravilla, no nos impacta tanto como el lago Pukaki. En el pueblo hay varias tiendas y un camping justo delante del lago.

La diferencia es entre otras cosas, que en Pukaki no hay nada alrededor, está totalmente aislado, en cambio Tekapo es un pequeño pueblo con tiendas etc.

El camping que se encuentra al lado del lago, ofrece maravillosas vistas del lago pero es prácticamente un parking de caravanas, que además está a tope y en obras. Las instalaciones bastante pobres, y no es barato al ser el único frente al lago.

Después de instalarnos paseamos un poco por el pueblo, hacemos algunas compras de souvenirs y preparamos la comida. Este lago es famoso por ser el mejor sitio de NZ de observación nocturna del cielo. Así que una vez se hace de noche, aunque hace muchísimo frío, damos una vuelta para comprobar que desde luego al haber cero contaminación lumínica, el cielo estrellado se ve impresionante. Y al lado del lago, más espectacular aún.

Por la tarde hemos decidido pasar nuestros últimos días en NZ esquiando en alguna zona cercana a Christchurch, ya que aquí se encuentra nuestro aeropuerto de vuelta a casa. El Monte Hutt parece ideal para nuestro plan, así que al día siguiente nos dirigimos hacia aquí.


Por la mañana tras dos horas conduciendo, llegamos al comienzo de la carretera de montaña que sube al Monte Hutt, y comprobamos que tiene restringido el acceso para caravanas debido a la cantidad de nieve y los fuertes vientos, así que buscamos la ciudad más cercana para preguntar sobre la posibilidad de esquiar allí.

Nos dirigimos a Methven, una pequeña ciudad que se encuentra a 40 minutos del Monte Hutt.

En invierno Methven es una ciudad de deportes de nieve, es famosa por su estilo de vida relajado y la abundancia de actividades al aire libre en verano. En su centro de visitantes nos informan de una oferta de 4 días con el material incluido, excepto las gafas que las podemos alquilar en una tienda que se encuentra en la misma calle. Durante estos cuatro días el autobús que te lleva al monte Hutt puede pasar a recogerte por tu hotel o camping, o puedes cogerlo en la parada que se encuentra por fuera del centro de visitantes. Compramos esta oferta para los cuatro, nosotras con cursillo incluido y los chicos por libre. Aunque sólo íbamos a usar tres días de los cuatro contratados nos salía bastante bien de precio.

No encontramos muchos campings en la ciudad, finalmente nos decidimos por "Methven camping ground" un camping en un terreno muy espacioso, las instalaciones algo viejas pero limpias, y el dueño muy amable. Aunque la wifi no funcionaba nada bien. Por ello, encontramos un café muy agradable en la ciudad, el "Primo" , donde podíamos usar la wifi y además tenía opciones de postres veganos.


Methven nos pareció un sitio muy poco turístico, y por eso nos gustó.


El primer día que subimos al monte Hutt en el autobús, alucinamos con la carretera y hasta pasamos algo de miedo. La carretera es estrecha, y a partir de cierto punto, hay que parar a poner las cadenas en las ruedas, luego está a tope de nieve, y algunos tramos solo hay riscos a ambos lados de la carretera y los vientos soplan muy fuerte. Gracias al maravilloso conductor del autobús que tenía control total de la carretera y nos transmitía mucha seguridad, porque después de verla, yo hubiera sido incapaz de subir conduciendo por allí.


Respecto al paquete que contratamos, está todo muy bien organizado y cada día te suben de nivel en el cursillo, es un aprendizaje muy rápido de tus conocimientos esquiando, o mejora de lo que ya habías practicado. Lo disfrutamos mucho y aprendimos y avanzamos un montón en sólo tres días.

Se nos hacía extraño estar esquiando en pleno mes de agosto, cuando normalmente hacemos actividades diferentes en esta época del año, así que fue una experiencia diferente en ese sentido.

Tras estos días en Methven, nos dirigimos a Christhcurch para pasar las dos últimas noches en NZ desde cuyo aeropuerto vamos a coger nuestro vuelo de regreso.

Tras el terremoto de 2011 la segunda ciudad más poblada de NZ y la más importante de la isla sur, cambió totalmente. El terremoto acabó con la vida de 185 personas que serán recordadas en un memorial con 185 sillas blancas llamado 185 empty white chairs.

La mayoría de los monumentos fueron destruídos por la sacudida, entre ellos la catedral.

Esto unido a los atentados sucedidos el 15 de marzo de 2019, hacen de Christchurch una ciudad que resiste con resiliencia y creatividad.


Nos quedamos en un camping cercano al aeropuerto, y se nota que es el que usa mucha gente para pasar la última noche en la ciudad porque las estanterías de la cocina común están llenas de productos de todo tipo, sin usar o empezados, que la gente deja para que otros lo puedan consumir.


Elena y Mirko tienen el vuelo un día antes que nosotros, así que Pablo y yo los dejamos en el aeropuerto después de comer y nos vamos a dar una vuelta por Christchurch pero acaba siendo una día accidentado. En la ciudad me resulta dífícil encontrar un parking donde pueda entrar la caravana. Finalmente encontramos uno al aire libre de tierra, sobre las 4 de la tarde. Al aparcar no me di cuenta que la tierra estaba mojada, y las ruedas delanteras se quedaron totalmente hundidas en el barro. Intenté marcha adelante, marcha atrás...y cada vez se enterraban más las ruedas. Tras unos momentos de mucho agobio, pedí ayuda a unos empleados de carreteras que estaban arreglando las aceras. El señor muy amable lo intentó todo, puso listones de madera debajo de las ruedas, nada, cogió una pala y metió gravilla debajo, nada. Avisó a otro compañero, y entre los dos, uno al volante y el otro con la pala poniendo gravilla en las dos ruedas, consiguieron finalmente, cuando ya anochecía sobre las cinco y media de la tarde, sacarla de allí. ¡Vaya mal rato que pasé!

Estaba tan agradecida que, como ya no me quedaban dólares, les di 50 €, que no querían aceptar, pero yo insistí. Se quedaron extrañados mirando el billete, seguramente no sabían cuanto era al cambio, :).


Esta era mi "peor pesadilla" con la caravana, y cuando pensaba que me había librado, me pasa el último día, y sola sin Elena, cosas de los viajes. Después del susto, nos fuimos a un centro comercial a comer algo y ya al camping, para estar descansados para nuestro largo vuelo de vuelta. Nos esperan una escala en Sidney de dos horas, y otra en Doha, de otras dos horas, antes de llegar a Madrid.

Al día siguiente volamos con Air New Zealand hasta Sidney, en el avión el vídeo sobre las instrucciones de seguridad lo hacen los All Blacks, buenísimo.

Luego nos espera otra sorpresa, el vuelo a Doha con Quatar Airlines es en el Airbus A 380, un impresionante avión de dos pisos, con una escalinata al piso superior espectacular. Los aseos son mucho mayores de lo normal. Y no nos enteramos ni de cuando despega, ni cuando aterriza, ni se mueve lo más mínimo durante el vuelo. Es que da la impresión de que siempre está en tierra, alucinante.

Por último, otra sorpresa muy agradable, fue en el vuelo a Madrid, ya que en el mismo regresaban también a casa un coro formado por chicos y chicas estudiantes, que nos cantaron una canción justo antes del aterrizaje, que se te ponían los pelos de punta.

En el próximo y último vídeo de este viaje lo sacaré porque merece la pena escuchar lo bien que cantan.





A*viajarquesondosdías creado por A*Schwartz

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